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Introducción I. El desarrollo regional de
Los Altos de Guatemala II. El inicio de una élite III. La génesis del movimiento
separatista IV. Los Altos y la construcción
del sistema republicano federal V. La construcción de la coyuntura
separatista VI. La creciente importancia militar
de Los Altos VII. La declaración del Estado de
Los Altos VIII. Un Estado por armar IX. Inventando el regionalismo X. El sexto Estado de la Federación XI. El desmantelamiento del
Estado de Los Altos XII. Estado de Los Altos, indígenas
y régimen conservador XIII. 1848: el segundo intento de
independencia XIV. ¿Cuál Guatemala? centralista
o federal XV. Guerra de castas y República
de Indios XVI. Conclusiones guatemaltecas Fotografías e imágenes Índice onomástico
Luego de su violenta reincorporación a Guatemala por el caudillo oriental Rafael Carrera, Los Altos de Guatemala inició en 1850 una nueva etapa en su desarrollo socio-económico, bajo la dictadura conservadora. A partir de entonces, el grupo ladino dominante de la región, derrotado política y militarmente, centró sus empeños en sacar adelante un nuevo renglón económico, el café. Las crecidas ganancias que la exportación de café les proporcionó permitió a esta élite, en alianza con la población ladina, desempeñar un papel decisivo en la insurrección liberal de 1871. Esta vez su mira principal no fue simplemente la autonomía regional sino más bien acceder al control del aparato estatal a nivel nacional. A partir de 1873, con el ascenso al poder del caudillo altense Justo Rufino Barrios, la élite occidental figuró notablemente en el proceso de imposición y consolidación de la estructura de dominación ladina, basada en el modelo de desarrollo capitalista dependiente y la subordinacion de la población indígena, que ha caracterizado a Guatemala hasta el presente. El autor ofrece una detallada narrativa e incisivo análisis sobre este complejo y conflictivo proceso histórico apoyándose en una amplia base documental. Al mismo tiempo arroja nueva luz sobre la historia regional guatemalteca, campo de estudio que apenas comienza a desarrollarse. La obra constituye también una valiosa contribución a la historia política de Guatemala del siglo XIX, ya que, como señala el autor, “la creación de ese regionalismo, que conllevó la búsqueda de la autonomía administrativa de la región y la final constitución del Estado de Los Altos, se hizo por medios políticos” (pág. 9). El autor, a la vez, plantea sugestivas hipótesis concernientes al polémico tema de la construcción del estado-nación en Guatemala. Según Taracena, fue precisamente la élite cafetalera altense la que lideró dicho proceso a partir de 1873, logrando imponer su propio modelo de “patria ladina” sobre el resto del país. Lo que significa que, en gran medida, el origen de la actual estructura socio-política guatemalteca se remonta a ese enconado conflicto entre las regiones de Oriente y Occidente en contra del dominio de ciudad de Guatemala a lo largo del siglo XIX. El libro incluye, finalmente, un primer análisis sobre el papel de los pueblos Mayas altenses en el proceso de resistencia popular y desintegración del Estado de Los Altos, en alianza con su caudillo Rafael Carrera, así como acerca de los procesos que culminaron en la exclusión de la mayoría indígena del proyecto de nación guatemalteca de los liberales altenses.
After its violent reincorporation into Guatemala in 1850 by the “eastern” caudillo Rafael Carrera, the Los Altos region of Guatemala began a new phase in its socioeconomic development under the Conservative dictatorship. Since then, the dominant ladino group of the region, which was politically and militarily defeated, focused its efforts on bringing forward a new economic item: coffee. The increased profits from coffee exports allowed this elite, in alliance with the ladino population, to play a decisive role in the Liberal uprising of 1871. This time its principal goal was not simply regional autonomy but, rather, to gain access to control over the state apparatus on a national level. With the ascent of Justo Rufino Barrios to power as the caudillo from the Los Altos region, from 1873 on the western elite figured prominently in the process of imposing and consolidating the structure of ladino domination that was based on the dependent capitalist development model and the subordination of the indigenous population which still characterizes Guatemala today. The author offers a detailed account and incisive analysis about this complex and conflict-ridden historical process utilizing a large document base. He also sheds new light on Guatemala’s regional history, a field of study, which has hardly begun to develop. This book also represents a valuable contribution to the political history of nineteenth-century Guatemala because, as the author states, “the creation of this regionalism which helped the quest for administrative autonomy of the region and the ultimate creation of the State of Los Altos, was done by political means” (p. 9). The author also poses suggestive hypotheses concerning the polemical topic of the construction of the nation state in Guatemala. According to Taracena, it was precisely the coffee-grower elite leading this process from 1873 on and succeeding in imposing their own model of “Ladino Homeland” on the rest of the country. This means that, to a great extent, the origin of the modern sociopolitical structure of Guatemala traces back to this old conflict between the eastern and western regions against the dominion of the capital for most of the nineteenth century. The book also includes a first analysis of the role Mayan people of the Los Altos region played in the popular resistance movement and the disintegration of the State of Los Altos, in alliance with its Caudillo Rafael Carrera, as well as the events that culminated in the exclusion of the indigenous majority from the Guatemalan nation project of the Los Altos region’s Liberals.
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